China cerró 670 bancos durante 2025, principalmente pequeñas entidades rurales, en una reestructuración destinada a contener riesgos de iliquidez y posibles corridas bancarias. La reducción dejó 3,139 instituciones operativas y completó una disminución acumulada del 23% en cuatro años, según la Autoridad Nacional de Regulación Financiera.

La medida responde a la desaceleración del crédito, la crisis inmobiliaria, la deflación y las dificultades financieras de gobiernos locales y bancos regionales. Muchas entidades pequeñas fueron absorbidas mediante fusiones forzosas por bancos comerciales rurales de mayor tamaño y bajo control estatal, evitando en la mayoría de los casos una liquidación inmediata que afectara a los depositantes.

La presión también alcanzó a bancos urbanos: en julio, Wuhan tomó el control de Z-Bank, posteriormente fusionado con Hankou Bank. Moody’s señaló la operación como evidencia de los problemas que enfrentan las instituciones regionales pequeñas.

Mientras tanto, China prepara nuevas inyecciones de capital para grandes bancos estatales, en un intento por fortalecer el sistema financiero ante la debilidad económica y el deterioro del sector inmobiliario.


