El sistema antiaéreo Patriot, reconocido por su eficacia durante décadas, supera una de sus principales vulnerabilidades: sus radares tradicionales tenían un campo de visión limitado a 120 grados, dejando expuesta la retaguardia.
Una nueva actualización incorpora sensores y enlaces de datos que permiten detectar e interceptar amenazas desde cualquier ángulo, elevando su capacidad defensiva. Mientras Rusia moderniza sus bombarderos Tu-160 y China prueba misiles estratégicos lanzados desde submarinos nucleares, Pekín también advierte sobre los riesgos de la inteligencia artificial militar.
Su postura es clara: la primacía humana debe mantenerse en las aplicaciones militares de la IA.

