Una revisión publicada en la revista Science plantea que los azúcares naturales obtenidos de frutas y miel pudieron desempeñar un papel tan importante como la carne en la evolución del cerebro humano.

Los investigadores sostienen que la glucosa fue una fuente energética fundamental para los primeros homininos, cuyo cerebro requería grandes cantidades de energía para desarrollarse.

El estudio indica que durante millones de años los antepasados humanos obtuvieron gran parte de su energía de frutas y otros alimentos dulces, antes de que el dominio del fuego permitiera aprovechar mejor los almidones cocidos.

Los autores argumentan que esta disponibilidad de glucosa favoreció el crecimiento cerebral, la reproducción y el desarrollo de habilidades cognitivas más complejas. Sin embargo, expertos señalan que la evolución humana fue resultado de una dieta omnívora en la que tanto los alimentos vegetales como los de origen animal tuvieron un papel determinante.

