El fotógrafo Lawrence Schiller recordó la última sesión fotográfica de Marilyn Monroe, realizada en 1962 durante el rodaje de la película Something’s Got to Give.

La actriz participó activamente en la creación, selección y edición de las imágenes, revisando personalmente los negativos y descartando aquellas fotografías que no deseaba que fueran publicadas.

La sesión incluyó imágenes en una piscina, algunas de ellas con poses atrevidas que surgieron por iniciativa de Monroe.

Schiller destacó que la estrella controlaba cuidadosamente su imagen pública y que ningún fotógrafo logró capturarla completamente, ya que ella decidía cómo quería ser retratada.

Según el fotógrafo, Monroe combinaba profesionalismo, carisma y una fuerte conciencia de su impacto mediático, rasgos que quedaron reflejados en aquella histórica sesión, una de las últimas antes de su muerte.



