El mercado automovilístico chino, el mayor del mundo, enfrenta una nueva desaceleración que podría tener fuertes repercusiones globales. Tras décadas de crecimiento sostenido, las ventas comenzaron a debilitarse en 2018 y, aunque hubo una recuperación posterior, las señales actuales apuntan a otra contracción. En 2025 se vendieron 23,8 millones de vehículos, un 4% más que el año anterior, pero en el último trimestre las ventas mensuales cayeron interanualmente. Mientras la Asociación de Automóviles de Pasajeros de China prevé estancamiento, analistas privados estiman una caída de entre 5% y 9% en 2026.

La desaceleración responde al agotamiento de subsidios para vehículos eléctricos, nuevos impuestos de hasta 10% y restricciones a prácticas comerciales que inflaban artificialmente las ventas. Además, el exceso de capacidad ha intensificado la guerra de precios, obligando al regulador chino a prohibir ventas por debajo del costo.

El mayor riesgo para el resto del mundo es el aumento de exportaciones chinas. Ante la debilidad interna, los fabricantes —líderes en vehículos eléctricos— buscan colocar más autos en el extranjero. Se proyecta que las exportaciones alcancen hasta 7 millones de unidades en 2026, frente a 750.000 en 2018. Esto presiona a fabricantes tradicionales de Europa, América y otras regiones, que ya enfrentan pérdidas en sus inversiones en electrificación. Lo que ocurra en China, advierten analistas, impactará directamente a la industria automotriz global.



