En la aviación, los incidentes graves relacionados con tormentas eléctricas son muy poco frecuentes. Esta seguridad se logra gracias a estrictos protocolos, tecnología avanzada de detección y la colaboración permanente entre pilotos, meteorólogos y controladores de tráfico aéreo.

Según Popular Science, la prioridad es evitar estas condiciones meteorológicas desde la planificación hasta el aterrizaje. Si no es posible esquivar una tormenta, existen procedimientos específicos para mitigar los riesgos tanto para la aeronave como para los pasajeros.
Las tormentas unicelulares se desarrollan en días cálidos y húmedos, duran entre treinta y sesenta minutos y pueden producir lluvias intensas, rayos y granizo. Las multicelulares forman grupos que pueden persistir durante varias horas y presentar condiciones más severas.
El granizo puede dañar las alas o el parabrisas, mientras que el hielo afecta la aerodinámica y el rendimiento del avión. La visibilidad reducida por lluvia o nieve dificulta el control a baja altitud y aumenta el riesgo de salidas de pista.


