Japón acelera su mayor refuerzo militar en cuatro décadas ante el incremento de tensiones con China y el riesgo de un conflicto por Taiwán. La isla de Yonaguni, situada a 110 kilómetros de la costa taiwanesa, se ha convertido en un punto estratégico clave, donde se amplían bases, se alojan nuevas tropas y se prepara el despliegue de misiles antiaéreos y unidades de guerra electrónica. Esta militarización forma parte de un plan más amplio que abarca la cadena de islas Ryukyu, Kyushu y Okinawa, con nuevos radares, depósitos de municiones, aviones F-35 y misiles de largo alcance.
El fortalecimiento defensivo responde al aumento de provocaciones chinas, como el reciente apuntado de radar de un caza chino a aviones japoneses y la creciente presión de Beijing para que Tokio modere su postura sobre Taiwán. China también intenta cuestionar la soberanía japonesa sobre las islas Ryukyu mediante argumentos históricos, lo que ha intensificado la disputa diplomática.
El despliegue militar divide a los habitantes de Yonaguni y Okinawa: algunos temen que sus islas vuelvan a convertirse en campo de batalla, mientras otros consideran indispensable reforzar la defensa ante drones y amenazas chinas. En paralelo, el debate político en Tokio se ha intensificado, especialmente tras el compromiso de la primera ministra Sanae Takaichi de elevar el gasto en defensa al 2 % del PIB, medida que cuenta con amplio apoyo entre los jóvenes.
Analistas coinciden en que, dada su proximidad a Taiwán y su alianza con Estados Unidos, Japón se vería forzado a participar en cualquier conflicto derivado de una invasión china.

