Venezuela enfrenta una creciente tensión con Estados Unidos, que ha desplegado en el Caribe la mayor flota militar desde 1989 bajo el argumento de combatir el narcotráfico, mientras acusa al Gobierno de Nicolás Maduro de vínculos con cárteles.
Caracas niega las acusaciones, pero el aumento de la presencia militar estadounidense ha generado preocupación en toda la región.
Un eventual ataque de EE. UU. podría tener repercusiones en las tres fronteras terrestres de Venezuela —con Colombia, Brasil y Guyana—, afectando a países ya impactados por la migración, la violencia y el crimen organizado.
En la frontera con Colombia, la más activa y poblada, la relación bilateral ha estado marcada por tensiones históricas, el éxodo de millones de venezolanos y la presencia de grupos armados. En Brasil, los 2.137 kilómetros de frontera amazónica enfrentan problemas de minería ilegal, narcotráfico y migración, pese a la baja densidad poblacional.
La frontera con Guyana, la más corta pero la más conflictiva actualmente, volvió a encenderse tras el referendo de 2023 impulsado por Caracas para reclamar el territorio del Esequibo, rico en petróleo y recursos naturales, lo que fue rechazado por Georgetown y la Corte Internacional de Justicia.
Mientras los gobiernos de Colombia y Brasil llaman al diálogo y rechazan una intervención militar, el clima de incertidumbre crece en una región marcada por disputas territoriales, redes criminales y crisis humanitaria.

