El 20 de octubre de 1944 es recordado como el inicio de una revolución en Guatemala, pero los hechos indican que fue más bien el comienzo de un proceso de reforma.
Tras la renuncia de Jorge Ubico en julio de 1944, el poder pasó a manos de un triunvirato militar y luego a Juan Federico Ponce Vaides, quien intentó mantenerse en el poder mediante elecciones manipuladas y represión. Su creciente impopularidad, incluso dentro del ejército, culminó en una rebelión militar que lo obligó a renunciar.

Ese día se formó una Junta de Gobierno integrada por Jorge Toriello, Francisco Javier Arana y Jacobo Árbenz. Aunque se autodenominó “revolucionaria”, sus acciones —disolver la Asamblea Legislativa, convocar elecciones y derogar la Constitución— representaron una reforma institucional, no una transformación radical del régimen político.

La narrativa de una gran movilización popular es cuestionada, ya que el cambio fue liderado principalmente por militares, con participación civil limitada.
En diciembre de 1944 fue electo Juan José Arévalo, quien inició un gobierno reformista socialista.
Su sucesor, Jacobo Árbenz, intentó profundizar el proceso con una agenda comunista, lo que generó oposición interna y externa. Árbenz renunció en 1954 ante la presión de una invasión organizada desde el extranjero.


