El Telescopio Espacial James Webb permitió a los científicos estudiar HD 3167 b, una supertierra ubicada a 154 años luz de la Tierra que desafía varias teorías sobre la evolución de los planetas rocosos. Este mundo extremo completa una órbita alrededor de su estrella en apenas 24 horas, por lo que uno de sus hemisferios permanece constantemente expuesto a un calor capaz de fundir las rocas, mientras el otro permanece en oscuridad permanente.

A pesar de estas condiciones extremas, las observaciones revelaron que la temperatura de su lado iluminado es menor de lo esperado. Los investigadores concluyen que el planeta conserva una atmósfera que refleja parte de la radiación estelar y redistribuye el calor hacia la cara nocturna, evitando temperaturas aún más elevadas. Este hallazgo convierte a HD 3167 b en el mundo de lava más pequeño conocido con atmósfera.

El descubrimiento cuestiona la idea de que los planetas cercanos a sus estrellas pierden inevitablemente sus gases por la radiación y el viento estelar. Además, ofrece una oportunidad única para comprender cómo pudo ser la Tierra en sus primeras etapas, cuando su superficie estaba cubierta por océanos de magma y sometida a temperaturas extremas


