La estrategia impulsada por Donald Trump para aumentar la presión sobre Irán fortalece la posición de Estados Unidos en el mercado energético. Las sanciones dificultan las exportaciones iraníes, mientras la OPEP+ incrementa la producción para garantizar el suministro mundial y estabilizar los precios.
Esto debido a que, millones de barriles iraníes no cuentan con comprador claro, Teherán enfrenta mayores limitaciones económicas. Analistas consideran que esta combinación reduce la capacidad del régimen iraní para financiar sus intereses regionales y beneficia a consumidores y aliados mediante una oferta de petróleo más amplia y un mercado energético más competitivo.

