El histórico Ayuntamiento de Limoges, Francia, quedó prácticamente destruido tras ser incendiado por un grupo de manifestantes durante una jornada de protestas contra el encarecimiento del costo de vida y las condiciones de la educación pública.
El fuego consumió varias plantas y provocó el derrumbe del techo y parte de la cúpula del edificio, inaugurado en 1883. Los disturbios también dejaron saqueos y daños en edificios públicos y comercios de distintas ciudades.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, reportó inicialmente 400 detenidos, mientras que el primer ministro, Sébastien Lecornu, informó posteriormente que la cifra ascendía a 1,200. El Gobierno atribuyó los actos violentos a grupos radicales y delincuentes que se mezclaron entre los manifestantes.

