La generación Z de China comienza a perder la confianza en la promesa de que estudiar y trabajar duro garantiza un futuro mejor.
Según The Wall Street Journal, la desaceleración económica, la crisis inmobiliaria, los despidos y la expansión de la inteligencia artificial reducen las oportunidades laborales, mientras miles de graduados compiten por empleos cada vez más escasos.
Muchos jóvenes terminan en trabajos temporales, enfrentan salarios menores o dependen nuevamente de sus padres.
La incertidumbre económica también retrasa el matrimonio y la decisión de tener hijos. Algunos optan por abandonar sus estudios o reducir sus esfuerzos laborales ante la percepción de que el sacrificio no tendrá recompensa.
Aunque predomina la resignación más que la protesta, el creciente desencanto juvenil representa un desafío social y político para el Gobierno chino.

