El popular pan francés, uno de los acompañamientos más tradicionales en la mesa guatemalteca, tiene sus raíces en el siglo XIX. Su historia se remonta a 1870, cuando el panadero francés Alexander Villeneuve estableció la Panadería Francesa frente al actual Parque Central de la Ciudad de Guatemala.

Debido a su nacionalidad, los vecinos solían decir: “Vamos por el pan donde el francés”, expresión que con el tiempo dio nombre al producto.

Según el historiador Aníbal Chajón, de la Universidad de San Carlos de Guatemala, este pan surgió de la adaptación de un bollo tradicional francés. Las panaderías locales comenzaron a replicar la receta y la modificaron para ajustarla al gusto y las posibilidades económicas de las familias guatemaltecas.

Así, el producto se “chapinizó” y se convirtió en una opción accesible y ampliamente consumida.
Con el paso de los años, el pan francés se consolidó como parte esencial de la gastronomía nacional. En varios departamentos del país también se le conoce como “desabrido”.
Hoy sigue siendo uno de los panes más apreciados por los guatemaltecos, especialmente cuando se disfruta recién horneado y acompañado de frijoles volteados, crema o distintos platillos típicos.


