Un estudio publicado en Journal of Helminthology reveló que las aves migratorias transportan muchos menos parásitos entre las islas del Atlántico Norte de lo que se creía.

Mediante técnicas de ADN, investigadores de Estonia, Suecia, Groenlandia y las Islas Feroe analizaron la distribución del parásito Diplostomum en peces de agua dulce y encontraron diferencias significativas entre regiones.
En Groenlandia identificaron cuatro variantes genéticas del parásito, una de ellas posiblemente nueva para la ciencia, mientras que en las Islas Feroe no detectaron ninguna.

Los científicos concluyen que la dispersión de estos organismos está limitada por factores ambientales, las rutas migratorias y su complejo ciclo de vida, lo que cuestiona la idea de que las aves distribuyen ampliamente los parásitos entre ecosistemas distantes
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