Estados Unidos anunció una nueva fase de presión económica contra Irán, con sanciones bancarias que podrían aplicarse semanalmente y medidas contra empresas vinculadas con la Guardia Revolucionaria Islámica. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que Washington busca cortar las fuentes de financiamiento del régimen y aseguró que habrá “tolerancia cero”.
Paralelamente, Estados Unidos y sus aliados trabajan en un plan para reducir la dependencia del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo. Bessent señaló que mediante la construcción de oleoductos se podría desviar el tráfico petrolero en un plazo de dos años.
Irán advirtió que responderá militarmente si aumenta el bloqueo a sus buques y puertos y amenazó con impedir las exportaciones de petróleo por el golfo Pérsico, elevando el riesgo de nuevas tensiones sobre el suministro energético mundial.


