La radiografía es clara: Guatemala depende más de sus migrantes que de sus industrias, y más del trabajo informal que del empleo formal. Fortalecer el empleo, atraer inversión y reducir esa dependencia son tareas postergadas por décadas. Mientras tanto, la economía real sigue funcionando gracias al sacrificio de quienes se fueron y al ingenio las empresas que se quedaron.
Economía de Guatemala depende de informalidad, remesas y exportaciones que sostienen el PIB nacional


