China y Rusia avanzan en la exploración conjunta del Ártico con el objetivo de desarrollar la llamada “Ruta Polar de la Seda”, un corredor marítimo que podría transformar el comercio mundial y desafiar la influencia estratégica de Estados Unidos.
La iniciativa busca aprovechar el deshielo para conectar el Atlántico y el Pacífico a través de la Ruta Marítima del Norte, que podría mover entre 120 y 460 millones de toneladas de carga al año para 2050, acercándose a los volúmenes del Canal de Panamá.
Expertos señalan que el proyecto tiene implicaciones geopolíticas más allá del comercio, ya que reduciría tiempos de transporte entre Asia y Europa. En este contexto, el interés de Donald Trump por Groenlandia responde a la importancia estratégica de controlar una región donde China y Rusia buscan ampliar su presencia e influencia.


