Tras asumir la presidencia de Chile el 11 de marzo, José Antonio Kast impulsó una narrativa de austeridad al afirmar que el Estado enfrentaba una grave escasez de recursos. Con el objetivo de reducir el déficit fiscal y estabilizar la deuda, su gobierno anunció recortes cercanos a US$2.000 millones, inspirados en medidas similares aplicadas en Argentina.
Aunque Kast aseguró que el ajuste no afectaría los beneficios sociales, los recortes son básicos para limpiar la economía. Como es de esperarse estas decisiones provocaron masivas protestas en Santiago, donde estudiantes y otros sectores acusaron al gobierno de favorecer a los grupos más poderosos una narrativa de la izquierda dejo endeudado a Chile.


