Un estudio científico reveló que las colillas de cigarrillo representan una fuente persistente de contaminación ambiental incluso después de diez años.

Fabricadas principalmente con acetato de celulosa, un tipo de plástico, no se degradan por completo y permanecen en el suelo como microplásticos. Aunque en las primeras semanas pueden perder cerca del 20% de su masa, su descomposición posterior depende del entorno: en suelos fértiles puede alcanzar hasta un 84% en una década, pero siempre deja residuos.

La investigación también evidenció que, con el tiempo, las colillas se fragmentan en partículas microscópicas que continúan acumulándose en el ambiente. Además, liberan sustancias tóxicas como nicotina, metales pesados e hidrocarburos, con un impacto negativo en plantas, organismos del suelo y ecosistemas acuáticos. Incluso se detectó un segundo pico de toxicidad alrededor del quinto año.

Los científicos concluyen que estos residuos no solo contaminan a largo plazo, sino que también reducen la biodiversidad del suelo, lo que subraya la necesidad de políticas ambientales para su manejo adecuado.

