El moho vuelve a aparecer en las paredes cuando se elimina la mancha, pero no la humedad que alimenta al hongo. La condensación, falta de ventilación, filtraciones de tuberías y fisuras en techos o paredes son algunas de las principales causas.

La recomendación es identificar y corregir primero el origen de la humedad. Para áreas pequeñas, se puede limpiar con vinagre blanco, mientras que en superficies más afectadas puede utilizarse cloro diluido, siempre con guantes, protección ocular y buena ventilación. Si el área supera un metro cuadrado, la EPA recomienda tomar medidas para evitar la dispersión de esporas.

La humedad interior debe mantenerse entre 30% y 50%. Pintar directamente sobre el moho tampoco soluciona el problema: la mancha puede reaparecer en pocas semanas. La superficie debe quedar limpia y completamente seca antes de aplicar una imprimación antihongos.

Además, la exposición al moho puede provocar tos, congestión, picazón ocular y secreción nasal, y representa mayor riesgo para personas alérgicas, asmáticas o con defensas comprometidas.


