El derrame de unos 800.000 barriles de crudo ruso frente a las costas de Omán representa un riesgo económico además de ambiental. La contaminación de hasta 40 kilómetros de litoral podría afectar la pesca, el turismo y otras actividades costeras, especialmente en la isla de Masirah.
Los costos de limpieza, monitoreo y recuperación también podrían aumentar si el petróleo continúa expandiéndose. Además, el incidente ocurre en un contexto de tensión en el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio energético mundial. Las sanciones al buque evidencian también los riesgos económicos asociados con la llamada flota fantasma rusa y el transporte internacional de petróleo.


