La presión arterial mide la fuerza de la sangre en los vasos con cada latido. Se compone de dos valores: la sistólica (corazón contraído) y la diastólica (corazón relajado).
Parámetros internacionales establecen que la sistólica debe ser menor de 130 milímetros de mercurio y la diastólica menor de 90 milímetros de mercurio
Cifras elevadas sostenidas aumentan el riesgo de eventos cardiovasculares y daño orgánico.
La detección oportuna requiere medición constante, control médico y considerar antecedentes familiares, clave para prevenir secuelas irreversibles mediante diagnóstico temprano.

