Sin embargo, este resultado no está directamente vinculado a la gestión del gobierno, sino que responde principalmente al dinamismo del consumo interno impulsado por las remesas, al comercio con Estados Unidos y al esfuerzo del sector privado.
El principal problema radica en la forma en que se ejecuta el presupuesto. Aunque este creció alrededor de 16.7%, una parte significativa se destinó a transferencias sociales —como bonos y programas de carácter asistencial—, subsidios energéticos y apoyos al transporte, así como al aumento del gasto de funcionamiento del Estado, en lugar de orientarse a inversión productiva.


