La decisión de comer antes o después de hacer ejercicio depende del tipo de entrenamiento, los objetivos personales y la tolerancia de cada persona. Especialistas de instituciones como la Cleveland Clinic y la Universidad Johns Hopkins coinciden en que ambos momentos aportan beneficios: comer antes mejora el rendimiento, mientras que hacerlo después favorece la recuperación muscular.

Consumir alimentos previos al ejercicio, especialmente carbohidratos y proteínas, proporciona energía y ayuda a evitar la fatiga. Se recomienda una comida equilibrada entre dos y cuatro horas antes o un snack ligero si hay poco tiempo. Tras el entrenamiento, ingerir proteínas y carbohidratos dentro de la primera hora ayuda a reparar los músculos y reponer energía, acelerando la recuperación.

No existe una fórmula universal. Algunos rinden mejor en ayunas, mientras otros necesitan comer antes. Por ello, los expertos aconsejan adaptar la alimentación a cada rutina, mantener buena hidratación y priorizar una dieta balanceada para optimizar el rendimiento físico y el bienestar general.


