Un equipo de la Universidad de Yale descubrió el fósil de Eosphorosuchus lacrimosa, un antepasado de los cocodrilos que vivió hace unos 210 millones de años en lo que hoy es Nuevo México.

El hallazgo, publicado en Proceedings of the Royal Society B, revela que estos reptiles ya mostraban una notable diversidad ecológica en el Triásico tardío. El análisis del cráneo evidenció adaptaciones únicas, como un hocico corto y una estructura ósea robusta que le permitía ejercer una mordida poderosa, probablemente para cazar presas grandes. Mediante escaneos 3D, los científicos identificaron características anatómicas que lo diferencian de otras especies con las que convivió, como Hesperosuchus agilis.

El fósil, recolectado en 1948, fue reclasificado gracias a nuevas tecnologías. Este descubrimiento sugiere que la especialización alimentaria y funcional en los antepasados de los cocodrilos comenzó antes de lo pensado.

