Hatshepsut, faraona del antiguo Egipto, gobernó entre 1513 y 1490 a. C., consolidando su poder tras la muerte de su esposo-hermano Tutmosis II y asumiendo la regencia de su hijastro Tutmosis III.

Estudios recientes, liderados por Jun Yi Wong, candidato a doctorado en la Universidad de Toronto, han replanteado la narrativa histórica sobre la destrucción de sus estatuas y relieves en Deir el-Bahri. Tradicionalmente atribuida a la venganza de Tutmosis III, la evidencia sugiere que muchos daños fueron resultado de una “desactivación” ritual para neutralizar el poder espiritual de las esculturas y, posteriormente, de su reutilización como material de construcción.

Wong demuestra que la destrucción fue selectiva y estratégica, preservando rostros y elementos clave, y que la mayor parte de los daños significativos ocurrieron durante la reutilización del material, no por animosidad personal. E

ste hallazgo refuerza la interpretación de que Hatshepsut fue una líder eficaz y diplomática, cuyo gobierno promovió innovación artística, comercio y estabilidad económica. Investigaciones complementarias indican que los ataques a su memoria también respondieron a estrategias dinásticas y religiosas, más que a enemistades personales, redefiniendo la comprensión de la “damnatio memoriae” y la consolidación del poder femenino en el Antiguo Egipto.

