Dormir poco no solo provoca cansancio, sino que favorece el aumento de peso y deteriora la salud metabólica.
Diversos estudios científicos muestran que la falta crónica de sueño altera procesos clave del organismo, como el manejo del azúcar en sangre y la regulación hormonal del apetito. Investigaciones en personas jóvenes sanas revelan que dormir apenas cuatro horas por noche eleva el cortisol, aumenta el estrés metabólico y genera un perfil similar al de un envejecimiento acelerado, con mayor riesgo de obesidad y diabetes.

Además, el déficit de sueño modifica las hormonas del hambre: disminuye la leptina, que indica saciedad, y aumenta la grelina, que estimula el apetito.

Esto provoca más hambre y un mayor deseo por comida chatarra, especialmente dulces y harinas. A gran escala, un metaanálisis con más de 630 mil personas confirmó que quienes duermen poco tienen un riesgo significativamente mayor de obesidad, tanto en niños como en adultos.
La evidencia concluye que dormir bien es clave para mantener un peso saludable y proteger la salud a largo plazo.


