Un amplio estudio internacional liderado por la Universidad de Oxford y publicado en The Lancet concluyó que las estatinas son mucho más seguras de lo que se creía y que la mayoría de los efectos secundarios que se les atribuyen no tienen una relación causal con estos medicamentos. El análisis se basó en datos de más de 120.000 personas que participaron en ensayos clínicos aleatorizados y doble ciego, el estándar más alto de evidencia científica.
La investigación revisó 23 estudios a gran escala y comparó la aparición de efectos adversos entre pacientes que tomaron estatinas y quienes recibieron placebo. Los resultados mostraron que, salvo efectos ya conocidos como molestias musculares leves y un pequeño aumento del riesgo de diabetes en personas predispuestas, solo cuatro de los 66 efectos secundarios listados en los prospectos presentaron una asociación estadísticamente significativa, y en una proporción muy baja de casos.
Síntomas comúnmente mencionados por los pacientes —como pérdida de memoria, depresión, trastornos del sueño, aumento de peso o disfunción sexual— se registraron con la misma frecuencia en los grupos que tomaron placebo, lo que indica que las estatinas no fueron la causa de esos problemas.
Los investigadores señalaron que muchas advertencias actuales se basan en estudios observacionales con mayor riesgo de sesgo y advirtieron que el temor infundado a los efectos secundarios llevó a que numerosos pacientes a abandonar o evitaran tratamientos que reducen de forma comprobada el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
Los autores del estudio y organizaciones de salud pidieron una revisión urgente de la información oficial sobre las estatinas para mejorar la toma de decisiones médicas y la adherencia al tratamiento.


