Los desafíos de Muso Ayau, por Carlos Cordova

Muso tenía 25 años cuando regresó a Guatemala para radicar aquí de manera
permanente. Le acompañaba Olga García, su esposa, quien traía en sus brazos a
Olga María, la mayor de sus hijos. Poco antes se había graduado en ingeniería
mecánica en Louisiana State University. Al llegar, sabía de termodinámica,
maquinaria industrial, bombas y compresores, pero muy poco o nada de
economía.

Había leído libros de Ayn Rand que apoyaban sus primeras ideas sobre los
beneficios de la libertad, la importancia de que el gobierno no intervenga en la
economía y también, que ser feliz es el propósito moral de la vida. Pero aquellas
eran ideas inconexas, como islotes en el océano de la mente.

Pasaron unos diez años hasta un día, cuando su amigo Ernesto Rodríguez, quien
había leído un libro de Ludwig von Mises, lo comentó con él y se lo prestó. Esa
lectura fue crucial para Muso. Milei cuenta que algo parecido le sucedió después
de leer a Menger. “La Acción Humana” dejó en Muso el entendimiento de la vida
en sociedad a través del intercambio eficiente de bienes entre personas que viven
en países lejanos y sin conocerse. Lo que antes parecía mágico tuvo un sentido
coherente para él. La explicación, que ya intuía, del orden natural, lo sedujo.

Muso encontró que muchas personas ilustres compartían sus inquietudes y que,
como él, querían reflexionar sobre lo que motiva a los humanos a progresar. Con
un grupo de ellos decidió fundar el Centro de Estudios Económicos y Sociales
–CEES. Este fue, posiblemente, el primer organismo dedicado a analizar,
investigar y proponer nuevas soluciones a los problemas sociales, políticos y
económicos en Guatemala. Además de Muso, su principal gestor, el grupo
fundador incluyó a Enrique Matheu, Antonio Aycinena, Alejandro Arenales,
Enrique García, Imrich Fischmann y Ernesto Rodríguez. Otras personas
destacadas se unieron después.

Tengo la impresión de que ellos ignoraban el número y el poder de lo que habrían
de enfrentar, lo que después buscarían cambiar. Los veo como a aquellos 300
espartanos que, bajo la dirección de Leónidas, libraron la guerra de las Termópilas

contra unos 250 mil soldados persas comandados por el mismo Jerjes. Poco a
poco fueron descubriendo que había distintos frentes.

Primer desafío: En 1922, organizaciones obreras de pensamiento comunista
comenzaron a agruparse en el Partido Comunista de Guatemala —PCG— sin
llegar a tener representación legal. En 1932 fueron suprimidos por el régimen de
Ubico. El PCG resurgió con el gobierno de Arévalo bajo el nombre de Partido
Guatemalteco del Trabajo —PGT—, que obtuvo su personería jurídica en 1949. La
Constitución de 1956 prohibió expresamente las entidades que apoyaran la
ideología comunista. Clandestino, el PGT dotó su ideología a la guerrilla formada a
fines de 1960, la que tuvo su primera acción armada en enero de 1962.

Segundo desafío: La “derecha” de Guatemala, se vio fortalecida después del
triunfo de 1954 al derrocar al gobierno de Árbenz. Era principalmente
anticomunista, semejante al macartismo en Estados Unidos, sin ningún
fundamento filosófico formal. El pensamiento conservador y las ideas, valores y
principios de la independencia, con fuerte influencia católica, formaban parte de su
visión política y social. Tenía pretensiones de superioridad moral y étnica; viendo a
las personas pobres y a los indígenas como seres inferiores a quienes trataba de
esa manera. Con frecuencia hacía uso de la violencia para intimidar. La mayor
parte de personas distinguidas, de abolengo, influyentes… de entonces, se
identificaban con esa derecha.

Inicialmente, Muso y sus colegas coincidían con esa derecha, pero fueron
encontrando en los pensadores de la Escuela Austriaca de Economía, los
razonamientos que enfrentaban al comunismo marxista predominante y se
fortalecieron en su filosofía. Vieron al hombre como el centro

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