El aumento de residuos espaciales en órbita está generando preocupación creciente debido a su impacto tanto en la aviación como en la seguridad en tierra. El reciente aterrizaje de emergencia de un Boeing 737 en Utah, tras el impacto de un objeto desconocido, volvió a poner el tema en agenda. Aunque se sospecha de un globo meteorológico, expertos citados por MIT Technology Review advierten que la proliferación de satélites y fragmentos de cohetes incrementa la posibilidad de incidentes similares.

En los últimos dos años se registraron varios casos significativos: en 2023, un fragmento de 0,7 kilos procedente de la Estación Espacial Internacional perforó el techo de una vivienda en Florida; en Polonia y Canadá cayeron restos de cohetes Falcon 9 y satélites Starlink; y eventos parecidos ocurrieron en Australia y África. La predicción de reingresos sigue siendo imprecisa debido a la compleja interacción de los objetos con la atmósfera.

La basura espacial también afecta a la aviación. En zonas con tráfico intenso existe un 26% de probabilidad anual de cierres temporales del espacio aéreo por reentrada de grandes objetos. Estos cierres podrían volverse tan comunes como los provocados por clima adverso. Los organismos internacionales exigen desorbitados controlados, pero solo la mitad de los cohetes lo cumplen, mientras miles de restos antiguos permanecen sin control.


