A pesar del bloqueo de Estados Unidos a los chips más avanzados de NVIDIA, la investigación del Wall Street Journal revela cómo empresas chinas siguen accediendo a estos poderosos procesadores mediante intermediarios.
El proceso comienza cuando NVIDIA vende sus chips a Aivres, una empresa de Silicon Valley, que luego los transfiere a Indonesia. Allí, Indosat Ooredo Hutchison compra 2.300 chips Blackwell por valor de 100 millones de dólares y los revende a la empresa china INF Tech, que los usa para entrenar inteligencia artificial en aplicaciones financieras y médicas.
Aunque el proceso se ajusta a las regulaciones actuales de Estados Unidos, que permiten a los chips ser vendidos a países no aliados solo si no se utilizan para aplicaciones militares, surgen dudas sobre el uso final de la tecnología. La administración Trump permitió este esquema, mientras que la administración Biden intentó endurecer las reglas, aunque no pudo implementarlas debido a la oposición política.
Este caso pone en evidencia las grietas en el control de las exportaciones tecnológicas de EE. UU., permitiendo a China sortear las restricciones y mantener su avance en la carrera por la inteligencia artificial. Por su parte, NVIDIA defendió las decisiones del gobierno de Trump, argumentando que las restricciones de Biden perjudicaron la innovación y favorecieron a los competidores internacionales.

