El crecimiento imparable del turismo aéreo, el planeta no puede sostener tanto viajero

Hoy el turismo global y masivo crece sin freno, empuja a las aerolíneas a multiplicar rutas y aviones, y amenaza con desbordar no solo los destinos más icónicos, sino también la capacidad misma del planeta para sostenerlo.

La aviación comercial refleja de manera directa la evolución de la economía mundial. Cada vez que el PIB global aumenta, también lo hace el número de pasajeros que vuelan y, con ello, la demanda de nuevos aviones para sustituir a los antiguos o ampliar flotas.

La pandemia introdujo un nuevo patrón: el “bleisure”, viajes que combinan trabajo y ocio gracias a la flexibilidad del teletrabajo. Las aerolíneas han reaccionado multiplicando las categorías de cabina y buscando captar al viajero que ya no se conforma con el binomio tradicional entre turista low-cost y ejecutivo de primera clase. La proliferación de clases intermedias refleja un mercado en el que las fronteras entre trabajo y placer se diluyen cada vez más.

La “turistificación”, se ha convertido en la mayor pesadilla de los destinos más populares. Ciudades como Venecia, Barcelona o Florencia han tenido que imponer límites al alojamiento turístico, prohibiciones de pisos de alquiler o tasas de acceso para intentar recuperar el equilibrio perdido.

El crecimiento aéreo no solo tensiona ciudades y monumentos, también pone al planeta contra las cuerdas. Estudios recientes estiman que el turismo es responsable del 8,8% de las emisiones globales, y la aviación concentra hasta tres cuartas partes de esa huella si se incluyen efectos indirectos como las estelas.

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