Consumir demasiada sal puede tener efectos graves en la salud, especialmente en el sistema cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar los 5 gramos de sal al día (equivalente a 2 gramos de sodio), pero la mayoría de las personas consume entre 9 y 12 gramos diarios.

Este exceso puede provocar hipertensión, aumentando el riesgo de accidentes cerebrovasculares, enfermedades cardíacas y daño renal. Sin embargo, reducir el consumo de sal en exceso también puede ser perjudicial.

El sodio es esencial para funciones vitales como la transmisión nerviosa, el equilibrio de líquidos y la contracción muscular. Estudios recientes muestran una relación en forma de “J”: tanto un consumo muy alto como uno muy bajo de sal pueden elevar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mortalidad.
Se ha observado que una ingesta moderada, entre 7 y 10 gramos de sal diarios, puede ser más beneficiosa para la mayoría de las personas. Además, el 75% del sodio que ingerimos proviene de alimentos procesados, no del salero. Por eso, es fundamental leer las etiquetas, moderar el consumo de alimentos ultraprocesados y adaptar la ingesta de sal a las necesidades individuales, en especial en personas con hipertensión, enfermedades renales o insuficiencia cardíaca.


