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Hablar de atraer inversión extranjera, de generar empleo, de incentivar la economía del país, sin hacer algo sustantivo por los puertos, es hablar por hablar. De nada sirve que usted tenga su parcela donde produce excelente fruta o verdura, si no tiene vehículo para sacarla, o si la carretera está tan mal que su producto llega todo golpeado y dañado al mercado y ya no digamos, puertos con instalaciones decentes para exportar.

Conozco el tema de los puertos porque los he visto desde adentro al tener el honor de servir a Guatemala como Oficial de Cumplimiento de Gobierno Abierto en la Empresa Portuaria Nacional Santo Tomás de Castilla, de agosto 2016 a agosto 2017. Durante esa administración, que no es la actual, el puerto reportó al Estado un récord de utilidades sin precedentes en la historia del puerto, gracias a que cortó gastos superfluos y procesos ineficientes. Para darles un ejemplo, cuando entró en funciones el Presidente de Junta que fungió de febrero 2016 a julio 2017, recibía un monto ilimitado en combustible, y esa administración gastó un 15% de lo que consumía en combustible la administración anterior. Y como eso, todo. Muchos no saben que Empornac no recibe dinero de los impuestos, genera dinero, funciona como una empresa privada, siendo semi-autónoma. El dinero lo recibe de los pagos que hacen los usuarios del puerto (exportadores, importadores, transportistas). De ese dinero salen los sueldos y gastos de la Empornac, y las utilidades que entrega al Estado. Si bien el Presidente de Junta es nombrado por el Presidente de la República.

Estando dentro, fue fácil darse cuenta que la corrupción era rampante y en todos los niveles. Desde estibadores que cobran más de lo que trabajan con 4 sindicatos que por su mentalidad, son uno de los grilletes que no dejan al puerto prosperar, hasta los contratistas que cuasi de dedo han recibido sendos contratos para rampas, grúas y telecámaras, entre otros prestadores de servicios al puerto. La corrupción de la SAT y aduanas es grotesca, retienen contenedores para pedir mordida, cobran lo que se les da la gana a los vistas, quienes con toda la “autoridad” y discrecionalidad que no les corresponde, ponen montos ridículos para liberar la mercadería, y para dejar pasar lo que sus amigos les piden que dejen pasar. Esa es la verdadera línea, que jamás fue neutralizada. Estibadores que cobran más de 30 horas de trabajo, cuando el día tiene 24. Todo eso es corrupción. La Cicig, Feci y Thelma Aldana tenían toda esta información. ¿Hicieron algo realmente para destruir la línea de raíz? No.

Ese puerto no se moderniza desde 1968. Funciona gracias a esos contratos de dedo, porque sin grúas, sin rampas, etc, no hay puerto. Durante la Administración en la que yo serví, se hicieron 132 licitaciones en regla, resultando las más importantes desiertas porque ninguna empresa decente quería ser contratista del Estado en esa época gracias a Velázquez y Aldana que habían demonizado la figura del contratista del Estado. Cuando los de siempre exigieron se les dieran los contratos de dedo y el Presidente de Junta Directiva de entonces se negó a hacerlo, fue removido del cargo. Cualquiera que sepa de puertos entiende que comprar 20 reach stackers para Empornac es ridículo, cuando funciona con mucho menos y hay otras urgencias. Increíblemente, eso se lo topan, y no la adquisición (compra o licitación) del remolcador que sí estaba a buen precio, era óptimo y es urgente para que buques que vienen al puerto puedan dar vuelta, no se lo permitieron. Eso pasa cuando gente que no sabe nada de puertos entra a dirigirlos. Urgente el tema del dragado de la dársena, cuando los buques que vienen a Guatemala están por ser retirados del mercado y substituidos por otros mucho más grandes, que no logran llegar a nuestros puertos.

Honduras concesionó Puerto Cortés a una empresa internacional operadora de puertos que tiene ese pequeño puerto funcionando a las mil maravillas y que mes a mes nos quita usuarios de fuera, que descargan allí su producto y que gracias a las óptimas carreteras de Honduras los trasladan sin problema a El Salvador, a Guatemala y hasta a Yucatán. Prueba de cómo nos afecta, la baja en dividendos que ha reportado Empornac en los últimos dos años. Entre Honduras y Costa Rica, que tienen puertos concesionados a empresas expertas internacionales, nos están acabando gracias a la miopía, ambición, y abuso de malos guatemaltecos. Y Puerto Quetzal está en las mismas. Los mismos que corrompen Empornac, corrompen Puerto Quetzal. Menos mal que APM Terminals, empresa de prestigio mundial en el mundo de la industria marítima, está haciendo funcionar la terminal. Ya Dubai Ports entrará a construir un puerto en el sur de Costa Rica. Sabemos que Honduras está también por hacer lo mismo con otra empresa en el Golfo de Fonseca. El Salvador se ha puesto las pilas para ser más competitivo. Si no hacemos algo YA, no tendremos puertos que puedan competir.

Urge un puerto nuevo en Izabal, privado, que drene la dársena para que los buques modernos puedan entrar. Con muelles grandes que puedan atender la demanda de los usuarios. Guatemala está entrando a una auditoría de la Organización Marítima Internacional, dónde somos un cero a la izquierda por la miopía e ignorancia que predomina sobre temas marítimos y hasta Bolivia tiene más injerencia y presencia, y de la que seguramente no saldremos tan bien parados como debiéramos. Si no fuera por el profundo conocimiento portuario de las autoridades navales, verdaderos profesionales en materia, estaríamos perdidos por completo. El mundo reconoce a la Marina guatemalteca como la autoridad que corresponde, y el Congreso aún está considerando la Ley para corregir ese embarazoso error. Existen varias empresas interesadas en construir ese puerto, que como en todo el mundo civilizado dónde los puertos son privados (sí, hasta en USA, Europa, América Latina y Asia lo son), nos haría competitivos con Honduras y Costa Rica, y no costaría ni a usted ni a mí un sólo Quetzal. De este tema podría escribir por días, el tema me apasiona porque lo entiendo, y llora sangre décadas sin que tomaran medidas substantivas, y escuchar a las autoridades civiles y las que vienen, hablando de lo que a mi modo de ver, sólo entienden superficialmente.

Betty Marroquin

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