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Ante la falta de un acuerdo político para desplegar una aplicación anticoronavirus, las personas que recientemente dieron positivo al COVID-19 son ubicadas por teléfono para rastrear sus contactos, dando luz a una nueva profesión: “rastreador de COVID-19”.

El miércoles por la mañana, unas sesenta personas sentadas ante su ordenador portátil, con los audífonos puestos, se reparten las llamadas en la plataforma de N-Allo, uno de los “centros de llamadas” asociados a la operación iniciada por el Gobierno de Bélgica.

En este reino de 11.5 millones de habitantes, donde el virus ha dejado más de 9 mil muertos, este “rastreo” se toma muy en serio, máxime cuando las autoridades se limitaron a autorizar una desescalada muy progresiva desde hace 15 días por temor a un rebrote.