Dar gracias es universal, columna de opinión por  Fritz Thomas

Hoy es el cuarto jueves de noviembre, día de Thanksgiving, que se traduce como dar gracias y se reconoce como “Día de acción de gracias”. Esta particular celebración tiene su origen en Estados Unidos. En septiembre de 1620, un pequeño barco llamado Mayflower zarpó de Plymouth, Inglaterra, con 102 pasajeros; una comunidad de separatistas religiosos buscando un lugar en el “nuevo mundo” donde pudieran practicar libremente su religión. Luego de 66 días de peligrosa travesía en el mar, arribaron en Cape Cod, muy alejados de su objetivo, que era el Río Hudson, y un mes más tarde atravesaron la Bahía de Massachussets, donde los “pilgrims”, peregrinos, establecieron el pueblo de Plymouth. El primer invierno fue brutal, sufrieron muchas dificultades, carencias, muertos y enfermos. En noviembre de 1621, los pilgrims organizaron un festín para celebrar su primera cosecha exitosa de maíz e invitaron a algunas tribus aliadas de indígenas americanos, incluyendo al legendario Massasoit, cacique de los Wampanoag, que arribó con 90 acompañantes y el regalo de cinco venados, cazados para la ocasión. Este evento se conoce por las crónicas de Edward Winslow, destacado miembro de la comunidad que estuvo presente y relata: “Y aun cuando no sea siempre tan abundante, como fue en este tiempo para nosotros, todavía por la bondad de Dios estamos tan lejos de necesitar, que con frecuencia los deseamos partícipes de nuestra abundancia”.

Según relata un artículo en History.com, los pilgrims realizaron su segundo Thanksgiving en 1623, para celebrar el fin de una larga sequía, en esta ocasión llamando a un ayuno. Con el tiempo se desarrolló la tradición de celebrar un “día para dar gracias” en diferentes fechas y rincones del país. Fue en 1863, durante la guerra civil en Estados Unidos, que el presidente Abraham Lincoln hizo una proclama, “rogando a todos pedirle a Dios, confiar a su tierno cuidado a todos aquellos que se convirtieron en viudas, huérfanos, dolientes o enfermos en esta lamentable lucha civil y sanar las heridas de la Nación”, y marcó el cuarto jueves de noviembre para esta observación. No es necesario ser devoto religioso para sentir empatía y compartir el significado de estas palabras.

Con el revisionismo histórico, conflictividad ideológica y política que caracteriza los tiempos, hay muchos llamados a objetar la celebración de Thanksgiving, por ser emblemático del colonialismo de América. El comediante Bill Maher se refirió a los pilgrims como “los primeros migrantes ilegales de Massachussets”. Muchas familias celebran este día en Guatemala y otros tantos reclaman que es una costumbre extranjera irrelevante, más invasión cultural comercial.

En diferentes países y culturas hay una larga tradición de celebrar la cosecha, o dar gracias por la vida y las bondades. La costumbre de reunir a la familia y amigos en la mesa, o alrededor de una fogata, con una gran comida, para compartir, mostrar cariño, contar historias, es propio en todos los tiempos y culturas. Thanksgiving es uno de esos días. Sin importar el origen, toda oportunidad para reunir a la familia y amigos para compartir, dejando a un lado las diferencias y los problemas del día, conversar, reír, comer, es valioso y trascendente.

Se acerca la Navidad, los tamalitos y regalos. Sin duda, alcanza a ser molesto todo el ruido comercial asociado con la época, con la música repetitiva, obsesivas sugerencias sobre cómo gastar el aguinaldo y quema de cohetillos. Para muchos, su principal sentido es religioso. Lo importante es que es tiempo para compartir y agradecer por lo que tenemos.

Fritz Thomas
Fritz Thomas

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