La Maquinaria, opinión por J. Fernando García.

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La Historia reciente es una serie de fragmentos dispersos en la internet que los historiadores profesionales aún no han analizado. Son como las partes de un rompecabezas gigantesco. Cuando uno busca armar un sector, empieza por identificar las piezas que lo conforman. Tal vez están todas, pero difícilmente consigue reunirlas. Como en el rompecabezas, uno conoce de la pieza faltante su forma, color y tonalidad. Con esa información cree poder adivinarla. Además, debe crear un orden conductor, sabiendo que puede haber más de uno. También, aunque poco probable, los acontecimientos pudieron ocurrir por generación espontánea, ser parte de un caótico azar. Como no creo en lo casual, esta es mi versión de lo que pudo haber acontecido

Estados Unidos ha dejado de ser ese país exitoso que fue hace 50 años y antes. Busqué en internet los diez principales megaproyectos en construcción. Encontré varios nuevos puentes, la construcción del edificio HQ2 para Amazon, una esfera gigantesca en las Vegas, una supercarretera en Austin, un muro marino en Texas y 100 km de tren rápido en Seattle. Me pareció que eran proyectos propios de un país chico, pero en desarrollo, como El Salvador.

No encontré ninguno tan espectacular como los del siglo pasado, cuando se construyó la misma ciudad de las Vegas en 1905, el propio aeropuerto O’Hare en 1955 y los puentes que ahora son sustituidos o ampliados. No se puede comparar 100 km de tren rápido en Seattle con las distancias que recorren los trenes de Asia o Europa.

Sin embargo, encuentro algo que el gobierno de Estados Unidos, coludido con personas e instituciones privadas de ese y otros países desarrolló con hegemonía indiscutible: Una maquinaria social cuyos engranajes son las personas, instituciones y gobiernos que consiguió alinear. Tal maquinaria es eficiente y poderosa. Incluye gobiernos que, de cómplices pasaron a ser súbditos, sin voz y sin voto. Una suerte de prestanombres, a veces sin paga.

Con su concurso consigue doblegar la voluntad de otros individuos o gobiernos que rehúsan obedecer el ordenamiento por ellos impuesto. Pese a utilizar mecanismos abyectos y perversos, consiguió persuadir a los pueblos del mundo de que los fines económicos, políticos, y de poder que persigue, son de amplio beneficio para el orbe. Que sus metas son la paz, la armonía y la libertad de todos. Que ellos, el Imperio, no son los amos sino los salvadores de la humanidad, que son los “buenos”. Adelante referiré esa estructura, como «“La Maquinaria”.

Aceptemos, por un momento, que fue mediante el concurso de “La Maquinaria”, que hace tres años, casi toda la población del planeta se convenció de usar mascarillas para protegerse de inhalar un virus y prevenir que un infectado, contagiara a otros. Empero, mucha gente usó mascarillas hechas con tela incapaz de brindar la protección de la norma NP95 +. No se reportó que ellos murieran más que quienes sólo usaron las NP95. Algunos las usaron aun estando en soledad; hay quienes las siguen usando. La gente se auto condenó a respirar oxígeno contaminado con el CO2 de sus propias exhalaciones. Fueron persuadidos todos, incluso los más inteligentes, los de conocimiento superior.

Además, “La Maquinaria” consiguió que muchos ―miles de millones― se encerraran. La actividad productiva se redujo, creando hambre y pobreza en el mundo. Algo impensable hasta entonces. No se ruborizó siquiera cuando, en la fase final, persuadió a muchos de inocularse con una vacuna que no garantiza inmunidad. Aún peor, los gobiernos nacionales debían obligar a sus habitantes a hacerlo. De diferentes formas, siguen forzando a que la gente se vacune. Eso, pese a que se trata de un virus atenuado y que hay evidencia, aunque rebatible, de que la salud de los vacunados podría estar bajo riesgo mortal debido a la misma vacuna. Además, aunque también sujeto a controversia, se sospecha que el origen de la pandemia no fue un murciélago chino sino la codicia de algunas farmacéuticas, que obtuvieron beneficios en posible contubernio con miembros de “La Maquinaria”.

Instituciones como la OMS y entidades especializadas, que el Imperio financia, estuvieron a cargo de proveer la argumentación académica y enfrentar a científicos independientes, a profesores universitarios que se oponían a esa narrativa y proponían otras soluciones. Haciendo uso de su estrategia favorita, “La Maquinaria” procedió a atacar el prestigio de esos opositores.

Quizá no fue así, tal vez los eventos fueron sucediendo solos, de manera natural, sin que mediara ninguna fantasiosa “Maquinaria”. Pero, tantas personas, tantos países, tantas y tan diversas religiones y culturas, tanta diversidad, y que por todos lados haya sucedido de manera aleatoria… Eso sí parece ser todo un desafío a la inteligencia.

En fin, no se trata de discutir la pandemia sino de vislumbrar el enorme poderío que podría tener “La Maquinaria” y descubrir los artificios que utiliza. Resumo: Con la pandemia, habría posicionado a un virus chino como un “mayor enemigo” de la humanidad, hecho alianzas con la OMS y semejantes y creado una narrativa de terror sentenciando: ¡Usted puede morir pronto!

“La Maquinaria” precisa de un archienemigo de la humanidad. Si no lo tiene, lo crea. Aquella vez fue un virus cuyo origen situaron en la lejana y malvada China que, como Rusia e Irán, son temibles enemigos suyos. Los gobiernos se unieron encantados a su narrativa, la apoyaron en todos lados, hasta hacerla universal. Regir en una población temerosa y bajo encierro era un regalo. Además, la puerta a mayor corrupción en compras sobrevaloradas, de emergencia y casi sin control quedaba abierta. La prensa, el “Cuarto Poder”, quedó aún más subordinada a “La Maquinaria” Los principales periódicos nacionales, en todos los países, replican las noticias que difunde el Imperio a través de sus medios en Nueva York, Londres y París.

Otro gran ejemplo, casi simultáneo y quizá unido al COVID, fue la votación a finales de 2019 en Estados Unidos. Suponga usted, solo por un momento y para propósitos de análisis, que se llevó a cabo un gigantesco fraude electoral en ese país, mismo que dejó en el poder político al señor Biden (cerca de la mitad de la población de Estados Unidos cree que así fue) ¿Es inconcebible que ocurriera fraude allí?

Cuando uno observa en Joseph Biden, una enorme dificultad para pensar con coherencia, cuando sabe algo de la información hecha pública sobre sus negocios ilícitos en China y Ucrania, entonces le resulta difícil creer que haya sido electo, de forma transparente, como presidente del país más poderoso, al menos militarmente, sobre la tierra.

Para aceptarlo habría que creer que se trata de una población cuyos electores son crédulos, sumisos, obedientes, seres que actúan como manadas de zombis. Pero no es así. Por lo contrario, Estados Unidos aglutina a las universidades mejor calificadas del planeta, los mejores profesores están allí. El 92% de adultos ha terminado la educación media superior (otros países desarrollados, como los aglutinados en la OCDE, tienen 79%).

Además la población de Estados Unidos disfruta de un ocio que, con el tiempo, se ha convertido en educación y cultura. Este proviene de la infraestructura que sus antepasados crearon en el siglo anterior y del bienestar que deriva de la acumulación del capital formado entonces ¿Cómo creer que un pueblo así, donde muchas personas observan una moralidad estricta, pudo elegir como conductor de su futuro a una persona como el señor Biden?

Como dicen por allá: ¡No way!

Post Scriptum: Hace ocho años (17.6.2015) Alejandro Pérez publicó en Plaza Pública la entrevista que hizo a Gustavo Porras Castejón, agudo analista político. Las coincidencias entre la exposición anterior (y las que siguen) confirman la visión de Gustavo sobre el futuro nacional, sujeto al colonialismo de Estados Unidos, que ya no precisa de tropas y de marines. Copio la parte del texto de Pérez donde Porras comenta: Creo que lo que está pasando es algo que el ya fallecido general Gramajo me planteó en una entrevista que le hice en 1994 o 1995, cuando él buscaba una diputación. “Mire, Gustavo –me dijo–: cinco años más de este desmadre y aquí vamos a tener a un gobierno internacional, no porque pongan a un gringo de presidente. Van a poner a cualquiera de estos pendejos, pero cada vez más las decisiones importantes de Guatemala se tomarán desde afuera”. Desde que Gramajo me dijo eso, he visto cómo se ha desarrollado ese proceso. Como pasa mucho a los profetas en las cuestiones históricas y sociales, falló en el cálculo del tiempo, pero no en el fenómeno de fondo que es lo que estamos viviendo.

La opinión de este artículo es ajena al Noticiero el Vigilante.

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