SHARE

El lago de Atitlán se encuentra en un cráter volcánico en el suroeste de Guatemala. Colinas verdes, antiguas aldeas mayas y místicos volcanes crean una imagen única e impactante que atrae turistas de todas partes del planeta. Pero la contaminación está poniendo en peligro esta maravilla natural guatemalteca.

Se estima que la zona es habitada por unas 360 mil personas que con sus actividades diarias causan el desgaste al lago.

“La culpa es de los drenajes”, señalan algunas personas entrevistadas, sin estar lejos de la realidad. Según estudios de diferentes organizaciones privadas y públicas, las aguas residuales son la principal causa de la contaminación.

El río San Francisco en el municipio de Panajachel, por ejemplo, es uno de los dos principales afluentes del lago, y descarga sin tregua aguas malolientes arrojadas por las poblaciones asentadas en los alrededores del manto acuático.

Le siguen la basura sólida y los químicos usados en las actividades agrícolas en los 15 poblados mayas kaqchikel, tz’utujil y k’iche’s que rodean el lago enclavado entre montañas a 1 mil 562 metros sobre el nivel del mar, con un espejo de agua de 125 kilómetro cuadrados y una profundidad máxima de 320 metros.

Aparte de eso, también ha sido localizado un basurero a pocos metros de donde anida nuestra ave nacional, El Quetzal, en el lugar conocido como El Mirador. Aunado a ello, muchas personas talan los bosques para sembrar la planta llamada Mashan, cuya hoja es utilizada para envolver tamales.

Ellos aducen que son tierras municipales y que la alcaldía les dio permiso para realizar dichas talas, que acrecientan la deforestación y por ende la contaminación en la cuenca del lago.

Con esos niveles de contaminación, el futuro no es muy prometedor para el Lago, en el que desde el 2009 florecen cianobacterias que se alimentan del fósforo y nitrógeno que producen las aguas provenientes de los servicios sanitarios y pilas de los 15 municipios de la cuenca, los fosfatos de los pesticidas y fertilizantes que se utilizan en las plantaciones alrededor del lago, y que son transportados por las lluvias hasta las aguas del más bello lago del mundo.

Pocos de los actores involucrados en la conservación se atreven a establecer los años que le faltan a Atitlán para entrar en un proceso crítico de contaminación parecido al lago de Amatitlán, convertido en toda una tragedia ambiental.

Aún estamos a tiempo para evitar ese desastre ambiental, es tarea de todos…