El narcotráfico en Guatemala continúa dominado por cuatro clanes familiares que han mantenido su poder pese a capturas y extradiciones de sus líderes. Estas estructuras —Los Mendoza, Los Lorenzana, Los Chamalé/Los Ponchos y Los Huistas— controlan territorios estratégicos y operan con redes bien establecidas para el traslado de drogas hacia México y Estados Unidos.
Según investigaciones de la Policía Nacional Civil y el Ministerio Público, estos grupos han consolidado alianzas con cárteles mexicanos como el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación, lo que ha fortalecido su capacidad operativa. Además, han diversificado sus actividades, pasando de ser un país de tránsito a uno que también produce marihuana, cocaína y drogas sintéticas.
Las rutas de trasiego incluyen vías aéreas, marítimas y terrestres, e incluso el uso de drones. Las principales incautaciones de cocaína se concentran en Huehuetenango, Izabal y Petén, mientras que la marihuana y metanfetaminas circulan en distintas regiones del país.
Aunque algunas estructuras han sido desarticuladas en los últimos años, las autoridades advierten que los clanes principales siguen evolucionando y adaptándose, manteniendo su influencia en el narcotráfico nacional.

