Es de suma importancia saber que Juan Rodríguez, el nuevo embajador de Estados Unidos en Guatemala, no es un diplomático de carrera. Su nombramiento por parte de Donald Trump de manera directa, y no como un traslado rutinario del Departamento de Estado, tiene una relevancia muy grande.

Su designación se dio por motivos estrictamente políticos, que obedecen a la necesidad urgente de Estados Unidos por desinfectar la contaminación de anteriores diplomáticos de línea demócrata que comenzaron con Steven McFarland y terminaron con Tobin Bradley.
Todos ellos alineados en mayor o menor medida con una ideología de izquierda que le causó un enorme daño a Guatemala y minó los intereses de Estados Unidos.

La nominación de Rodríguez se da inmediatamente después de las declaraciones de Bernardo Arévalo en contra de Estados Unidos, debido a una supuesta injerencia en las elecciones de segundo grado ahora en desarrollo, y precisamente durante una cumbre de presidentes a la que no fue invitado.

El mensaje de Trump fue lapidario: “La lista de quienes no fueron invitados es tan importante como la de quienes sí fueron invitados”.

Eso alinea a Arévalo en un grupo de indeseables junto a mandatarios de izquierda como Boric, Lula, Petro y Sheinbaum, entre otros.

En cuanto a lo que todo eso significa para Guatemala, no queda más que parafrasear a un célebre fiscal del Ministerio Público: “Se vienen cositas”.

Ricardo Méndez-Ruiz, presidente y fundador de la Fundación Contra el Terrorismo,


