El conflicto en Medio Oriente escaló tras un ataque de Irán contra instalaciones energéticas clave en Arabia Saudita. Drones impactaron la refinería de Ras Tanura, operada por Saudi Aramco, una de las más grandes del mundo, obligando a suspender operaciones de forma preventiva. Además, un bote bomba hundió un petrolero en el golfo de Omán, causando víctimas y elevando la tensión en rutas marítimas estratégicas como el estrecho de Ormuz.
El ataque provocó una reacción inmediata del bloque árabe, que expresó apoyo total a países aliados y condenó a Irán, marcando una posible ampliación del conflicto regional. Analistas advierten que Teherán busca generar presión económica global al afectar infraestructura energética y el comercio petrolero.
El impacto en los mercados fue inmediato: el precio del petróleo subió hasta un 13%, mientras bolsas europeas y asiáticas registraron caídas. La incertidumbre crece ante el riesgo de interrupciones prolongadas en el suministro energético mundial y una escalada mayor del conflicto.

