La represión desatada por el régimen iraní durante las protestas del 8 y 9 de enero habría causado al menos 30.000 muertes en solo 48 horas, según revelaron a la revista TIME dos funcionarios de alto rango del Ministerio de Salud de Irán. De confirmarse, se trataría de una de las represiones estatales más letales de la historia moderna, muy por encima de las cifras oficiales difundidas por el gobierno, que reconocen poco más de 3.000 fallecidos.
Las fuentes sanitarias señalaron que la magnitud de la violencia colapsó la capacidad estatal para gestionar los cuerpos, agotando bolsas mortuorias y obligando al uso de camiones de gran tonelaje para trasladar cadáveres. Datos recopilados por médicos y organizaciones de derechos humanos sugieren que incluso los recuentos independientes podrían subestimar el número real de víctimas, debido al apagón informativo y a la exclusión de hospitales militares de los registros civiles.
Testimonios médicos indican que las fuerzas de seguridad utilizaron munición real de alto calibre y desplegaron francotiradores contra manifestantes desarmados en miles de localidades. Expertos en violencia política calificaron la rapidez y escala de las muertes como un hecho sin precedentes contemporáneos, comparable solo con grandes masacres del siglo XX.


