El boom de Vaca Muerta bifurcó el destino de localidades vecinas. Añelo se transformó en metrópoli energética, atrayendo migrantes e inversiones, pero generando déficit habitacional, inflación y dependencia volátil. En contraste, Sauzal Bonito heredó los costos ocultos: desde 2013 reportó sismicidad creciente que agrietó viviendas y escuelas, atribuida al fracking.
La ciencia explica esta divergencia. La inyección de fluidos y aguas de producción aumenta la presión de poros en fallas cercanas, activando la Dorsal de Huincul que atraviesa Neuquén. Estudios del INPRES confirman correlación espacial-temporal entre operaciones y sismos, aunque magnitudes son debatidas.
Este modelo revela fallas estructurales: monitoreo sísmico no público, compensaciones burocráticas y ausencia de planificación territorial. Las externalidades recaen en comunidades vulnerables sin recibir beneficios, mientras el riesgo socioambiental se invisibiliza. La paradoja es que mientras Añelo crece, Sauzal Bonito literalmente se resquebraja, simbolizando las inequidades del extractivismo contemporáneo.

