Una serie de tres artículos publicada por The Lancet advierte sobre el creciente impacto de los alimentos ultraprocesados (UPF) en la salud global, señalando que su aumento sostenido está transformando los hábitos alimentarios y elevando el riesgo de enfermedades crónicas en países desarrollados y en regiones emergentes. El primer artículo explica la clasificación NOVA, creada por Carlos Monteiro en 2009, que define a los ultraprocesados como productos elaborados con ingredientes industriales como aceites hidrogenados, jarabes, aislados de almidón y una amplia variedad de aditivos.

La serie muestra cómo el consumo de UPF ha crecido drásticamente: en España pasó del 11% al 32% del aporte calórico en tres décadas; en China del 4% al 10%; en México y Brasil del 10% al 23%. En Reino Unido y Estados Unidos supera el 50% desde hace veinte años. La evidencia epidemiológica —104 estudios de seguimiento prolongado— vincula su consumo elevado con obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, mortalidad prematura y mayor riesgo de depresión.

El segundo artículo enfatiza la necesidad de políticas públicas para reducir su presencia: restricciones en espacios públicos, nuevos impuestos, inclusión de indicadores de UPF en el etiquetado frontal y programas escolares basados en alimentos frescos, como el modelo brasileño.

El tercer capítulo examina el rol de la industria alimentaria, cuyo poder económico —con ventas anuales de 1,9 billones de dólares— influye en regulaciones, campañas de comunicación y generación de investigaciones que buscan sembrar dudas sobre el consenso científico y proteger intereses corporativos.

