A pesar de que el Parque Nacional del Gran Cañón, en Arizona, Estados Unidos, recibe a casi cinco millones de visitantes cada año, solo una minoría se aventura a explorar sus profundidades: apenas el 1% de quienes llegan hasta este emblemático destino estadounidense desciende más allá del borde para adentrarse en su interior.

El Grand Canyon Conservancy Field Institute se ha propuesto cambiar esta tendencia, según detalla Travel + Leisure, mediante rutas organizadas que se desarrollan principalmente en invierno y primavera, cuando las temperaturas son más frescas y la afluencia de turistas disminuye, lo que favorece una experiencia más íntima y segura.

2.000 millones de años de historia geológica
Con 1,6 kilómetros de profundidad y 16 kilómetros de ancho, el Gran Cañón exhibe 2.000 millones de años de evolución geológica a través de paisajes que impactan por su belleza y dimensiones.
El parque, ubicado al norte de Arizona, ocupa aproximadamente 5.000 kilómetros cuadrados, donde se alternan cañones profundos, acantilados imponentes y rocas multicolores. Reconocido como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se ha convertido en un punto esencial en el itinerario de quienes viajan por los Estados Unidos.


