La crisis política daña la imagen de un país ante los inversionistas porque genera incertidumbre, desconfianza y falta de estabilidad institucional.
En Guatemala, los recientes conflictos relacionados con la transición democrática y la postura del presidente Bernardo Arévalo de León han despertado preocupación entre el sector privado y los organismos internacionales.
Según Marcio Cuevas, presidente de la Cámara de Comercio e Industria Guatemalteco-Mexicana (Camex), la coyuntura actual, sumada a la inseguridad y la violencia, afecta la percepción de Guatemala como un destino confiable para hacer negocios. Esto provoca que las empresas reconsideren o retrasen sus inversiones, lo que puede limitar la creación de empleo y el crecimiento económico.
José González-Campo, directivo de la firma CMI, destacó que la certeza jurídica y las reglas claras son esenciales para mantener la confianza. Casos en los que decisiones discrecionales impiden la aprobación de proyectos, como el de energía solar en Jalpatagua, reflejan los obstáculos que enfrentan los inversionistas.
Aunque los indicadores económicos como el Índice de Actividad Económica (Imae) y el de Confianza (Icae) muestran resultados positivos, la inestabilidad política puede revertirlos. En síntesis, la crisis política deteriora la imagen del país al incrementar el riesgo percibido y debilitar la confianza necesaria para atraer inversiones sostenibles.

