Video columna de Carlos Cordova
Guatemala mantiene a Puerto Quetzal anclado en la ineficiencia estructural. Hoy, más de 40 buques fondean diariamente frente a sus costas, esperando turno por una sola razón: falta de capacidad operativa.
Fondeos prolongados, sobrecostos diarios entre US$28,000 y US$45,000, pérdida de toneladas de carga y una creciente reputación de ineficiencia. El calado actual ya no permite operaciones normales, forzando a los buques a reducir carga y prolongar innecesariamente su estadía.
Lo más alarmante es que el Estado cuenta con al menos Q500 millones disponibles para ampliaciones portuarias. Sin embargo, no hay avances. La Empresa Portuaria Quetzal opera muy por debajo de los estándares mínimos exigidos para un puerto competitivo. La consecuencia es clara: importadores y exportadores pagan el precio… y, por extensión, también los consumidores guatemaltecos.
Mientras otros países invierten con visión estratégica, Guatemala sigue atrapada en la improvisación, la falta de voluntad política y el abandono institucional. El colapso de Puerto Quetzal no es un problema técnico: es un fracaso político. Y si no se actúa con decisión, la factura logística seguirá creciendo… y la pagaremos todos.

