La tradicional celebración de antorchas, previa al 15 de septiembre, es una de las expresiones patrióticas más esperadas por los guatemaltecos. Este evento, que simboliza el amor a la patria y la unidad nacional, ha sido practicado por generaciones. Sin embargo, en los últimos años, su espíritu cívico se ha visto opacado por actos de vandalismo, violencia y contaminación.
Según la Municipalidad de Guatemala, en 2024 se recolectaron más de 600 toneladas de basura tras los desfiles y recorridos con antorchas. La mayor parte de los desechos correspondía a bolsas plásticas de agua, que, además de contaminar, obstruyen drenajes y provocan inundaciones en distintas zonas de la ciudad.
En este 2025, la situación se ha agravado. En sectores como Villa Nueva, Morales (Izabal) y Pastores (Sacatepéquez), se reportaron agresiones con bolsas de hielo hacia corredores y espectadores, ya fueran peatones, motoristas o automovilistas. Un piloto de tráiler incluso denunció que el parabrisas de su vehículo fue destruido por una de estas acciones violentas.
Una celebración que debía ser de alegría y fervor patrio terminó en un violento enfrentamiento en la 12 avenida de El Amate, zona 3 de Bárcena, Villa Nueva. En ese lugar, un grupo de personas que regresaba de llevar la antorcha se vio involucrado en una riña con vecinos que lanzaban agua desde la calle, lo que provocó caos y confusión.
Lo que comenzó como una actividad cívica, con la entusiasta participación de niños, estudiantes y ciudadanos patrióticos, terminó en desorden y violencia. Las municipalidades han tenido que asumir las consecuencias: toneladas de basura que recoger, daños a la infraestructura pública y ciudadanos heridos.
El suministro de agua debe de ser en estaciones controladas que cuenten con más medidas de recolección
Se debe de prohibirse reuniones en las gasolineras con antorchas encendidas ya que pone en peligro la integridad de las personas
Es urgente que el Ministerio de Gobernación tome medidas para regular las rutas de los recorridos, que desde hace varios años se mantienen sin control ni coordinación adecuada. Sin orden ni responsabilidad colectiva, esta valiosa tradición corre el riesgo de perder su verdadero significado.

