En el comercio nicaragüense desde agosto de 2023, el régimen sandinista suscribió un Tratado de Libre Comercio con Pekín.
En Managua, el mercado Oriental, considerado el centro de compras más grande de Centroamérica, se ha convertido en un epicentro de transformaciones económicas, sociales y urbanísticas.
China aprovecha la permisividad del gobierno nicaragüense, adquiere propiedades, construye y comparte espacios sin que existan controles efectivos sobre propiedad, sanidad o derechos laborales. Es un fenómeno que combina inversión, presión social y desplazamiento urbano.
Emprendedores que sobrevivían con ventas modestas ahora reportan caídas de hasta un 70% porque los negocios asiáticos ofrecen los mismos productos a “precios de remate”.
A partir del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Nicaragua y la República Popular de China en diciembre de 2021, el régimen sandinista presentó el Tratado de Libre Comercio como la panacea a los problemas económicos de Nicaragua. Entró en vigor en enero de 2024, pero el país centroamericano, históricamente –y todavía hoy, pese a las diferencias políticas con el régimen Ortega-Murillo–, depende casi por completo de Estados Unidos como su principal socio comercial.
Esta situación refleja cómo la combinación de poder económico extranjero y complicidad institucional puede limitar la autonomía de los ciudadanos y alterar radicalmente la composición de barrios enteros.

